Los amigos de Manolo

Quien tanto hizo por Trinidad nunca se va del todo, Manolo. Así dicen muchos de los que te conocieron y otros más que aprendieron de historia local por ti. Ya fuera en tu programa radial Puertas a mi ciudad o a través de tus novelas.

Entre los balaustres de las ventanas de la Casa de la Cultura todavía se pueden escuchar tus historias. Allí, en el museo nacional de Lucha Contra Bandidos o la biblioteca Gustavo Izquierdo. El lugar no era lo importante, sino la historia.

Manuel Lagunilla, quien se distinguió por ser un hombre de muchos amigos, cada mes, reservaba el último domingo para un compromiso ineludible: su Peña. Allí las conversaciones escudriñaban cada rincón de la ciudad. Calles, personajes populares, fiestas populares, hitos de la independencia y la nacionalidad cubana, la producción azucarera.

Encontrárselo en el parque resultaba habitual. Allí se sentaba con otros de su generación a contar la historia de Trinidad, a rehacerla. Porque su título de Historiador de la Ciudad, aprobado en 2010 por la Asamblea Municipal del Poder Popular, devino en estandarte para nuevos amigos. Personas que querían conocer la tercera villa cubana a través de palabras comunes, de risas y alguna picaresca. Así era Manolo.

En su archivo, su “oficina tarequera”, como le decía, podías encontrarte siempre un proyecto de investigación sobre su mesa. O lo interrumpía alguna llamada para precisar o aclararle una duda a quien lo necesitara. Pero ni el andar lento impidió que aplazaras los compromisos. Cada leyenda de Trinidad, cada historia, cada nuevo descubrimiento fruto de tus lecturas, te llenaban de entusiasmo.

Hoy, estuvieras cumpliendo años, pero hace unos meses tu ciudad tuvo que despedirte físicamente. Ahora la leyenda eres tú, un hombre hecho historia con una peña llena de amigos.

Grupo Editorial

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