Restaurar por el futuro

Gilberto Benítez Yborra comenzó a trabajar en el primer Equipo de Restauración con 19 años, entonces era el más joven del grupo; hoy es la voz de la experiencia para sus muchachos. «En Diálogo con el Patrimonio» se convirtió en la excusa perfecta para el reencuentro entre los veteranos y las nuevas generaciones que se enfrentan a estos desafíos.

Para sorpresa de todos, la casa Malibrán los recibió con una muestra documental que rememoró a través de fotografías la labor del Equipo a lo largo de su trayectoria. Entre el público presente se pudo percibir la emoción del momento, de estar una vez más juntos, quizás no tan jóvenes, pero con los mismos deseos de hacer por el patrimonio trinitario. Con salón lleno comenzó nuestro espacio habitual de cada mes, porque cuando Gilberto convoca, allí están todos sin falta.

Para su Equipo y compañeros de trabajo es líder, maestro y guía. Con su ingenio se ha ganado el respeto y la admiración de todo el que lo rodea. Cuando comenzó a tomar conciencia de lo que era la restauración se acercaba a los maestros carpinteros y albañiles para aprender de los más sabios. Se dedicó a trabajar varias temáticas dentro de la restauración, pero lo que siempre le apasionó fueron las pinturas murales. «El develar una obra de arte bajo capas y capas de pintura era sorprendente, volver a sacarla a la luz era rescatarla del olvido», nos cuenta. En aquel entonces todavía en Cuba no existían escuelas de restauración, pero tuvo la posibilidad de participar en varios talleres y nutrirse de las experiencias de otras ciudades. A pesar de que no faltaron ofertas de trabajo siempre volvía a Trinidad, lo aprendido era por y para su ciudad.

Gilbertico —como cariñosamente le dice su Equipo— vive orgulloso de su legado, esas nuevas canteras que ha formado y que hoy son el futuro de la restauración de la tercera villa cubana. Actualmente el grupo está compuesto por 10 jóvenes, egresados todos de escuelas de artes. Nos cuenta cómo los motiva y los hace sentirse necesarios. Asegura que sus muchachos son el relevo, la garantía de que Trinidad continúe teniendo un Equipo de Restauración. Desde el público sale a relucir la inventiva del restaurador, que más de una vez se las ha ingeniado para rescatar un objeto sin que este pierda sus valores patrimoniales. Afirma que es un trabajo de mucha dedicación, de buscar soluciones creativas porque cada pieza se puede convertir en un gran reto.

El Equipo de Restauración es ante todo escuela y Gilberto Benítez Yborra, aquel joven de 19 años con ansias de aprender, es hoy un maestro de generaciones cuyo principal propósito es que la restauración llegue a los más jóvenes con la misma pasión que un día llegó a él para que se continúe trabajando por el futuro de esta ciudad de más de cinco siglos de historia.

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