Quietud de cristal*

Entrevista a Isabel Béquer, La Profunda.

Lic. Mayra Yanes Mesa**

Isabel Béquer Menéndez es continuadora de una herencia cultural trovadoresca de Ia cual Trinidad se enorgullece. A inicios de Ia década de 1950 esta carismática mujer comienza su fértil quehacer como intérprete de Ia canción popular. Su recia y emotiva personalidad a Ia hora de interpretar sus canciones, un estilo muy personal, su fina intuición musical y su indiscutible sensibilidad Ia hacen acreedora de Ia máxima expresión femenina de Ia trova tradicional en Trinidad.

La música de valiosos compositores surgidos a partir de Ia década de 1940 como Orlando Ia Rosa, Cesar Portillo de Ia Luz, Julio Gutiérrez, Isolina Carrillo y José Antonio Méndez es incorporada a su ya extenso repertorio y, sin proponérselo, Isabel asume en sus canciones el estilo del filin.

Isabel, usted es continuadora de Ia tradición musical de su familia. ¿Crecer rodeada de melodía tuvo que ver con su formación como artista?

Yo nací en el seno de una familia numerosa y amante del ritmo. Mi hogar era como una gran casa de Ia música. Mi padre fue un ferviente cultivador del género tradicional, un trovador por naturaleza; Ia guitarra fue su gran pasión; pasábamos horas escuchando música; me enseñó a cantar un repertorio muy bello, yo sentía gran devoción por él.

Desde niña participé en coros y fiestas de fin de curso en Ia escuela primaria. A los 13 años comencé a interpretar Ia música de grandes de Ia trova como Sindo Garay, Rosendo Ruiz, Alberto Villalón, Miguel Companioni, Rafael Gómez (Teofilito) y el trinitario Rafael Sarosa. Mi adolescencia transcurrió escuchando clásicos como «Pensamiento», «Longina», «Mercedes», «Santa Cecilia», «Rosina», «Plegaria» …

Mi familia siempre ha sido un motivo muy fuerte de inspiración, por eso Ia considero protagonista en todo lo que he logrado.

La guitarra fue un instrumento que casi siempre se asociaba a los hombres, sobre todo en Ia etapa en que usted se inicia en Ia música. ¿Cómo se despierta su vocación hacia ella?

Yo era una adolescente y mientras caminaba por las calles de esta ciudad vi a una señora que tocaba Ia guitarra en su casa, me quedé hechizada. Entonces se desató en mí una gran pasión por ese instrumento musical y pensé que yo también podía aprenderlo. Es de esta manera que conocí a María Elena Valls, natural de La Habana y maestra de escuela del Central Trinidad.1 Fuimos grandes amigas, me ensenó varias canciones de su autoría y pasamos varias tardes de descarga en su casa. Las mujeres en aquel entonces solo tocaban el piano; durante mucho tiempo, detrás del escaparate, yo tocaba Ia guitarra, nadie lo sabía, solo mi madre. En Ia intimidad de Ia familia y ante Ia sorpresa de todos, un día interpreté «La vida en rosa».

Mi primera guitarra me Ia obsequió el Club Rotario de Cabaiguán 2 y me sucedió una anécdota muy simpática, al pulsarla, yo le dije a mi hermano Roger: «esta guitarra no suena»; yo jamás había visto este tipo de cuerdas, él me lo explicó sonriendo: las cuerdas eran de nylon y yo estaba acostumbrada a las cuerdas de acero; esto sucedió cuando tenía 18 años. Después tuve varias guitarras, el alcalde de este municipio me regaló una; Ia que tengo en Ia actualidad lleva años conmigo, es un regalo muy especial de Pablo Milanés.

En su trayectoria, Ia etapa de trabajo junto a su hermano Roger se destaca como una experiencia enriquecedora. ¿Qué recuerda sobre estos momentos también permeados por Ia creación?

Mi hermano Roger creó un combo para amenizar los espectáculos del motel Las Cuevas y yo formé parte de él como solista y guitarra acompañante. A los dos años de creada, esta agrupación se desintegró; fue entonces cuando fundé otro grupo integrado por músicos del combo inicial y otros nuevos que, además de amenizar los espectáculos de Las Cuevas, también trabajó en espectáculos de cabaret, en carnavales y círculos sociales. Este trabajo me hizo ganar en experiencia, madurez y conocimientos.

El dúo integrado con mi hermano Roger hizo que enriqueciera mi aval artístico pues ajustamos un repertorio novedoso conformado por valses peruanos; interpretábamos también canciones de Ia trova tradicional como «Mares y arenas», «La tarde», «Rosina», «Virginia» y otras.

Más que Isabel o lsa, Ia mayoría de los trinitarios Ia conocen como La Profunda. ¿Por qué?

En realidad no sé el motivo, pero hay una anécdota que quizás logre esclarecer tu interrogante:

Recuerdo que cuando teníamos el combo en Las Cuevas con mi hermano Roger, al bajista Eduardo Hernández le decían El Profundo y, a su vez, él le decía de esta misma manera a mi hermano y a mí; luego me explicaba, «tú eres una Profunda porque cantas muy bien, te gusta interpretar Ia música con todo el corazón», y añadía, «puedes tener una gran voz, pero si no tienes un gran corazón eso no te sirve absolutamente para nada».

Profun, que es como me dicen, a mí me llega muy adentro. Es reconfortante cuando los amigos en Ia calle con muchísimo cariño me saludan: «¿Cómo estás Profun?» «¿Qué tal Profun?»

En Ia Gala homenaje por el día internacional de las Ciudades Patrimonio, usted interpretó valses danzados por nuestros abuelos a finales del siglo XIX. ¿Qué significa esta remembranza en momentos en que Ia modernidad amenaza con dejar en Ia sombra el valiosísimo quehacer de generaciones pasadas?

Yo respeto y defiendo nuestra herencia cultural, estaba deseosa de trabajar en el rescate de esos valses. La ocasión me pareció una buena oportunidad para que mi pueblo pudiese escucharlos, recordarlos e incluso conocerlos. En esa Gala, de conjunto con los músicos Tomás Castellanos (contrabajo) y Armando Lara (violín), interpretamos esos temas cuyos autores fueron trinitarios; no quisiera jamás que esos trabajos hechos con muchísimo talento y pasión quedasen en el olvido, no sería justo; con esto siento que aporto mi grano de arena para poner a salvo nuestras tradiciones que, por supuesto, también son una parte esencial de nuestra historia.

Trinidad ha sido y es fuente de inspiración para muchos artistas. Usted ha desarrollado un fructífero trabajo como compositora. ¿Qué pudiera contarnos sobre su vida artística?

Sí, como compositora he desarrollado un trabajo serio, para mi ciudad he creado varias canciones llenas de amor: «Trinidad», «A Trinidad», «Tú nunca supiste», «Mi parque» y «Tú nada sabes», son algunas de ellas; pero hay una de Ia cual me he enamorado, se llama «¡Trinidad, quietud de crista!»; Ia estrené en una actividad en Ia Tribuna Antiimperialista y le tengo especial cariño, este es un fragmento:

Trinidad, pedacito de tierra escondida/

 bañada de luna, de cielo, y de mar. /

 Trinidad son tus verdes palmeras / cual

noches de ensueño/ y quietud de cristal. /

Yo canto para ti Trinidad, / contemplando

 tus calles, tus noches de estrellas, / que me

hacen soñar, / nunca te he de olvidar/

querida Trinidad, pues hay en tus calles,

tus lomas y valles / quietud de cristal.

¿Es cierto que las serenatas tienen para usted un significado especial?

La serenata es Ia música que tocábamos de noche en las calles. Nos juntábamos mujeres y hombres e íbamos a casa de algún amigo. Luego de haber coordinado previamente que nos esperara en su ventana, nos invitaba a pasar y allí descargábamos hasta altas horas de Ia madrugada. En estas serenatas me acompañaban personas que siempre están en mi corazón como Félix Reina, Alejandro Béquer (mi tío, El chévere), Pancho Maury con sus violines, los Zerquera con sus saxofones, mi papá y mi hermano, y otros que ya no recuerdo. Terminábamos siempre en La Popa; allí nos sentábamos en los quicios y recibíamos el alba entre amigos y canciones. Yo recuerdo las serenatas como algo especial y sublime que me endulza el alma.

Como trovadora, ¿ha realizado todos sus sueños?

Todos mis sueños los convertí en realidad, mi pueblo me respeta y ama, lo demuestra en cada interpretación que hago y cuando cada día personas de diferentes edades me saludan en Ia calle con tanto amor. He compartido el escenario con grandes de Ia música cubana como Los Zafiros, Ela Calvo, el guitarrista Froirán Amézaga, Silvio Rodríguez, Sara González, Elena Burke y otras glorias del filin.

He sido una mujer dichosa. He obtenido importantes reconocimientos por el trabajo desarrollado durante años: Ia Llave de Ia Casa de Ia Trova, el Premio Único de las Artes que concede Ia Asamblea Municipal del Poder Popular de Trinidad, Ia Medalla Raúl Gómez García y Ia Distinción por Ia Cultura Nacional son algunos de ellos. También tengo Ia alegría de haber grabado dos discos: uno que fue producido por Ia EGREM y otro con Ia productora francesa Azul.

Llama Ia atención sus excelentes relaciones con los jóvenes, ¿qué opina sobre el trabajo artístico que llevan adelante las nuevas generaciones?

Me relaciono muy bien con los artistas jóvenes, no me he quedado detenida en el tiempo, he evolucionado. Intercambio criterios sobre Ia música con gente joven, en ocasiones alternamos en el mismo escenario. Sabemos que Ia música cubana es una continuidad, siempre me informo sobre Ia realidad actual en mi campo.

¿Qué significa para usted Ia ciudad de Trinidad?

Trinidad para mí es motivo, inspiración; yo no sé vivir sin Trinidad, es mi vida entera. Llevo mirando lo mismo 73 años y siempre le encuentro encantos: las puestas de sol, Ia torre del convento, ¿dónde hay soles como los míos? Es adoración lo que siento por mi ciudad y por mi esquina, donde voy a contemplar el ocaso todos los días; allí espero Ia noche sentada con mis amigos. No puedo perder mis noches, mi sol, ni mi esquina.

*Entrevista publicada en la revista Tornapunta Nº 2 del Año 1, Diciembre 2007.

**Fue trabajadora del departamento de Investigaciones Aplicadas de la Oficina del Conservador de Trinidad.

También te podría gustar...

1 respuesta

  1. Avatar René Rodríguez dice:

    Excelente entrevista. Gracias Profu

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *