Las pinturas murales en Trinidad. Rescate y restauración de una herencia cultural

Rosa Diez Giroud

Elvira Gallardo Colina

Martha G. Suárez Pérez

Las pinturas murales son la conjunción armónica entre las bellas artes y la arquitectura.La significativa prosperidad económica alcanzada por Trinidad en el siglo XIX, cimentada por la industria azucarera, se tradujo también en un notable desarrollo de las artes en sentido general.

La aristocracia trinitaria comenzó a decorar los muros de sus mansiones con cenefas, dibujos y reproducciones de grabados en los cuales se mezclan con acierto desde afamados pinceles europeos, portadores de estilos como el barroco, el rococó y el neoclasicismo, hasta anónimos artistas locales.

Las pinturas murales son un símbolo distintivo de Trinidad. Empeñados en rescatar y conservar esta herencia cultural legada por las generaciones anteriores y conscientes del extraordinario valor artístico cultural que ello encierra, los especialistas se han propuesto dar vida a cuantas sean susceptibles de ser restauradas, pues coexisten junto a los moradores actuales en los más disímiles lugares, desde una imponente casona señorial convertida en museo hasta la más humilde vivienda del siglo XVIII, aún ocupada por la descendencia de su fundador.

No obstante los esfuerzos realizados, el inexorable paso de los años, la división de las antiguas viviendas y sus dolorosas transformaciones; y la presencia de sales, humedad y otros agentes externos han dañado, en algunos casos considerablemente, los dibujos y pinturas originales.

La restauración de las pinturas murales de los inmuebles trinitarios comenzó en 1968 cuando el cienfueguero Juan Roldán escogió el antiguo palacio Brunet para estas labores. Se hizo un trabajo a partir de una composición con las distintas y mejores pinturas conservadas. Se distribuyeron cuidadosamente en las dos plantas de la casona, de tal forma que hoy podemos ver en sus habitaciones desde motivos florales, arabescos, jarrones, cintas, cortinas hasta elementos arquitectónicos. Además, perviven algunos originales que nacieron con la edificación, como las pinturas de la sala y saleta.

En contrapartida con lo anterior, aparece el palacio Cantero, una de las edificaciones más elegantes y funcionales de la ciudad, construida en 1828-29, que conservó sus pinturas murales a través del tiempo. Las habitaciones del ala derecha mantuvieron su decoración original, que databa de esa fecha. La sala, la saleta y los dos primeros dormitorios de la izquierda fueron redecorados por Daniel Dall´Aglio, pintor, arquitecto, decorador e ingeniero italiano. Y decimos redecorados porque en 1858 este afamado artista europeo dibujó sobre las pinturas populares que inicialmente ambientaron las habitaciones del inmueble.

Un día como hoy se celebra la inauguración del Museo de Historia Local que desde 1980 tiene como sede el antiguo Palacio Cantero, edificación insigne de la ciudad de Trinidad. La casona es evidencia de la opulencia que ostentó Trinidad durante el siglo XIX. Entre los rasgos más distinguidos se encuentran sus pinturas murales tema abordado en este artículo extraído del número 13 de la revista Tornapunta.
Abanico en forma de concha del Palacio Cantero

Arduo y paciente fue el trabajo desarrollado en este edificio por los especialistas de restauración. La eflorescencia, la humedad ambiental y el indetenible paso del tiempo llenaron los grandes paños de pared de musgos, hongos y parches. Por tal razón se realizó un tratamiento completo de limpieza, restauración y fijación de las decoraciones, que felizmente arrojó los frutos esperados, y el actual Museo de Historia de la ciudad exhibe orgulloso su ornamentación mural.

Con la llegada a estos predios del mencionado artista la decoración mural ostenta una prueba elocuente del estilo de la escuela europea, que igualmente quedó impreso en la vivienda del ingenio Guáimaro, cuyas decoraciones murales se mantuvieron intactas hasta que en la década de 1950 fueron recubiertas en su mayor parte y solo son visibles las de la sala.

También convergen en dichos inmuebles la imitación de cuadros al óleo sobre lienzo con un estilo neoclásico y con una excelente factura academicista. Este es el sello personal del mencionado pintor italiano, quien en Guáimaro desbordó su fantasía en escenas pastoriles y de ruinosos castillos. Por cierto, esta es la única obra de cuya realización se tiene constancia documental, pues el 8 de noviembre de 1858 el pintor reclamó al señor Borrell el pago de su trabajo en la vivienda Guáimaro.

Los ejemplos recién citados constituyen los patrones más importantes y significativos de estas obras. No obstante, es imprescindible destacar que existen en la ciudad decenas de viviendas así decoradas.

El núcleo de mayor valor lo integran los inmuebles que los especialistas consideran es la zona más rica en valores artísticos y pictóricos. Del total de viviendas se encontraron 62 cuyos muros, techos o columnas habían sido pintados a partir del siglo XVIII. Como dato significativo, el lugar del domicilio donde con más frecuencia trabajaron los pintores o muralistas fue en la sala o salón principal de la vivienda, pues siempre apareció pintada la aludida habitación. Por lo general los murales se descubren a simple vista, sin que sea necesario calar cuidadosamente en las paredes e ir retirando sucesivas capas de pintura que durante generaciones se han ido acumulando sobre los originales.

Lamentablemente, se encontraron 17 viviendas cuyas decoraciones se encontraban en tan deplorable estado, los dibujos totalmente pulverizados, que no se incluyeron como inmuebles decorados, porque a nuestro juicio resulta imposible su restauración.

Del resto de las viviendas trabajadas por los pintores, las decoraciones disminuyeron en un 52%, pues sólo 35 del total inventariado habían sido trabajadas. De ellas, 17 fueron construidas en la segunda mitad del siglo XVIII, 11 en la primera mitad del XIX, otras cuatro en su segunda mitad y tres a principios del XX.

En esta zona, salvo escasas excepciones en que los moradores cuidaron celosamente las pinturas, los restauradores necesitaron calar pacientemente y en forma aleatoria dentro de la vivienda para encontrar los grabados originales.

Se encontraron 92 inmuebles que fueron trabajados por muralistas a partir del siglo XVIII. Las pinturas han sido restauradas o pueden serlo a corto plazo, pues su estado actual permite su reconstrucción. Por eso ha de trazarse de inmediato una estrategia general para la restauración en unos casos y la conservación en otros de las pinturas murales en la ciudad de Trinidad y en el Valle de los Ingenios, pues es indudable que distinguen las paredes de sus viviendas como un signo característico de las construcciones coloniales trinitarias.

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